Preeclampsia: causas, síntomas, factores de riesgo y tratamiento

Respuesta Rápida: La preeclampsia es una enfermedad relacionada con el embarazo que provoca tensión arterial alta. Es más probable a partir de la semana 20, aunque puede aparecer en cualquier momento del embarazo y también en los días o semanas posteriores al parto [1]. Si tienes dolor de cabeza intenso que no cede con analgésicos simples, problemas de visión, dolor bajo las costillas, hinchazón repentina de cara, manos o pies, vómitos o te encuentras muy mal, contacta de inmediato con tu unidad de maternidad o con urgencias [1]. No esperes a la próxima cita.
Señales para pedir ayuda urgente
El NHS indica pedir ayuda médica urgente si estás embarazada o has dado a luz en las últimas semanas y tienes síntomas de preeclampsia [1]:
- Dolor de cabeza intenso que no se va con analgésicos simples.
- Problemas de visión, como visión borrosa o luces destellantes.
- Dolor por debajo de las costillas.
- Hinchazón repentina de la cara, las manos o los pies.
- Acidez que no mejora con los medicamentos para la acidez.
- Vómitos.
- Sensación de encontrarte muy mal.
Cualquiera de estos síntomas puede ser grave y debe revisarse de inmediato [1]. Los circuitos de atención y los números de emergencia varían según el país: si no sabes a quién llamar, acude a urgencias.
Qué es y por qué se vigila en cada control
Las primeras señales de la preeclampsia son la tensión arterial alta y la presencia de proteínas en la orina. Es poco probable que las notes tú misma, por eso te toman la tensión y te analizan la orina en los controles prenatales [1]. Es una buena razón para no saltarte ninguna cita, aunque te encuentres bien.
Si tu matrona o tu médico sospechan preeclampsia, lo habitual es derivarte al hospital para más pruebas, como análisis de sangre y ecografías para comprobar el crecimiento del bebé [1].
No se sabe qué causa la preeclampsia [1]. Tenerla no significa que hayas hecho algo mal.
Posibles complicaciones
Según el NHS, en la mayoría de los casos la preeclampsia no es grave. A veces puede afectar al bebé, con un crecimiento más lento durante el embarazo o un nacimiento prematuro, y en ocasiones puede causar complicaciones graves e incluso potencialmente mortales, como convulsiones (eclampsia), síndrome HELLP, ictus o muerte fetal [1]. Por eso es tan importante el seguimiento.
Quién tiene más riesgo
El NHS señala un riesgo mayor si tienes diabetes, tensión alta o enfermedad renal, una enfermedad autoinmune (como lupus o síndrome antifosfolípido) o si tuviste preeclampsia en un embarazo anterior [1].
También pueden aumentar el riesgo: que sea tu primer embarazo, tener 40 años o más, el embarazo múltiple, que tu madre, una hermana u otra familiar haya tenido preeclampsia, que hayan pasado 10 años o más desde tu último embarazo, un IMC de 35 o más antes del embarazo y, según los datos de esta fuente británica, el origen étnico negro o del sur de Asia [1].
Reducir el riesgo no es lo mismo que prevenir todos los casos
Conviene distinguir tres cosas: reducir el riesgo de que aparezca, prevenirla por completo (algo que ninguna medida garantiza) y tratar una preeclampsia ya diagnosticada, que siempre requiere control médico.
Según el NHS, para reducir el riesgo [1]:
- Acude a tus controles prenatales. Es donde se valora si tienes un riesgo mayor.
- Aspirina, si te la prescriben: a las mujeres con mayor riesgo se les puede indicar aspirina a diario desde la semana 12 hasta el nacimiento.
- Suplementos de calcio, si te los prescriben: en mujeres con mayor riesgo que no obtienen suficiente calcio de los alimentos.
- Mantener un peso saludable con una alimentación sana y equilibrada y ejercicio también puede ayudar a reducir el riesgo.
No empieces a tomar aspirina ni suplementos de calcio por tu cuenta: el NHS indica hacerlo solo si te lo ha recomendado tu matrona o tu médico [1]. Las pautas concretas (quién las necesita, desde cuándo y en qué dosis) pueden variar según el país; tu profesional aplicará las de tu sistema sanitario. Lo útil es preguntar en tu consulta: «¿tengo factores de riesgo de preeclampsia? ¿qué medidas me recomiendas?».
Llevar anotadas tus cifras de tensión de cada visita ayuda a ver la tendencia. En el historial médico de Boy or Girl puedes registrar tu presión arterial y llegar a cada control con tus datos ordenados.
Cómo se trata
Por ahora no hay cura para la preeclampsia, pero sí tratamientos que ayudan a controlarla [1]. Te valorará un especialista, normalmente en el hospital, y se acordará contigo un plan de cuidados que suele incluir más citas de control y ecografías adicionales. Lo habitual es recibir medicación para bajar la tensión arterial y reducir el riesgo de ictus; en los casos graves puede ser necesario el ingreso y medicación para prevenir convulsiones [1].
Si tienes preeclampsia, a menudo es más seguro que el bebé nazca antes, en algunos casos antes de la semana 37, mediante inducción del parto o cesárea [1]. Esa decisión la valora tu equipo contigo.
La preeclampsia diagnosticada no se maneja en casa por cuenta propia: los cambios de alimentación, el descanso o beber más líquidos no sustituyen el control y el tratamiento médicos.
Después del parto
Los síntomas suelen mejorar después del nacimiento, pero no siempre desaparecen: pueden continuar tras el parto, y la preeclampsia también puede aparecer por primera vez en los días o semanas siguientes [1]. Tras el alta, puede que necesites medicación para la tensión durante unas semanas y controles periódicos [1].
Si después del parto tienes dolor de cabeza intenso, alteraciones de la visión, dolor bajo las costillas u otros síntomas de la lista, busca ayuda urgente igual que si siguieras embarazada [1]. Los CDC recuerdan que algunos problemas relacionados con el embarazo pueden aparecer hasta un año después del parto [2].
Preguntas frecuentes
Tengo los tobillos hinchados. ¿Es preeclampsia?
No necesariamente. Lo que el NHS señala como síntoma es la hinchazón repentina de la cara, las manos o los pies [1]. Si aparece de golpe, o si tienes dudas, consulta de inmediato.
¿Puedo prevenirla con dieta o ejercicio?
No hay ninguna medida que evite todos los casos. Según el NHS, mantener un peso saludable con una alimentación equilibrada y ejercicio puede ayudar a reducir el riesgo [1]. Si tu profesional considera que tienes un riesgo mayor, puede indicarte además aspirina o suplementos de calcio; no los tomes por tu cuenta.
Si la tuve antes, ¿me volverá a pasar?
No necesariamente, pero haberla tenido en un embarazo anterior aumenta el riesgo [1]. Coméntalo al inicio del nuevo embarazo para que valoren qué seguimiento y qué medidas necesitas.
¿El parto la cura?
Los síntomas suelen mejorar tras el nacimiento, pero pueden continuar después del parto y la enfermedad también puede aparecer en el posparto [1]. Vigila los síntomas en las semanas siguientes y acude a tus controles de tensión.
Fuentes
- NHS. Pre-eclampsia (revisada el 23 de marzo de 2026): nhs.uk
- CDC. Urgent Maternal Warning Signs and Symptoms (campaña Hear Her, 15 de mayo de 2024): cdc.gov
Nota de corrección (8 de octubre de 2026): hemos revisado este artículo frente a la versión actual del NHS. Se ha corregido la afirmación de que la dieta y el ejercicio no influyen (el NHS indica que mantener un peso saludable puede reducir el riesgo), se ha dejado de presentar la aspirina como única medida, se ha añadido el calcio cuando la ingesta es insuficiente y se ha matizado que el parto no siempre resuelve la enfermedad. Se han retirado afirmaciones que no hemos podido verificar en la fuente (origen placentario, riesgo cardiovascular a largo plazo, «la medida con mejor respaldo»). Estado de revisión: corrección editorial asistida por IA y basada en las fuentes citadas; no ha sido revisado por un profesional sanitario. Contenido educativo que no sustituye la valoración médica.


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